Relaciones «amorosas» entre adultos y menores de edad

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Adolescencia

En esta ocasión, decidí escribir un poco sobre un tema que fue muy discutido en el país en los meses de Julio y Agosto. Me refiero a las relaciones «amorosas» que pueden presentarse entre un adulto y una menor de edad.

La discusión e indignación que surgió en la población con respecto al tema se debió a que los jueces estaban avalando las uniones legales entre adultos y menores de edad. Es más, algunos periódicos hasta publicaron un par de casos con el siguiente título «Jueces avalan matrimonio de niñas con sus violadores». En una de esas publicaciones, si usted siguió el hilo de las noticias, habrá leído la historia de una menor que se casó con un hombre que había abusado sexualmente de ella; y que su madre estaba de acuerdo con dicha unión porque consideraba que él era un buen padre debido a que siempre pagaba la manutención del niño que había nacido fruto de la violación.

Es probable que también haya leído otros casos, en los que los adultos mantuvieron relaciones sexuales con una menor, pero bajo su consentimiento. Es posible que haya visto artículos relacionados al tema mientras la discusión estaba en auge.

Afortunadamente, hace unas semanas se reformó el artículo 14 del Capítulo II del Código de Familia, en el que se presentan los IMPEDIMENTOS Y REGLAS ESPECIALES PARA CONTRAER MATRIMONIO. Lo anexo a continuación:

Art. 14.- No podrán contraer matrimonio:

1o) Los menores de dieciocho años de edad;

2o) Los ligados por vínculo matrimonial; y,

3o) Los que no se hallaren en el pleno uso de su razón y los que no puedan expresar su consentimiento de manera inequívoca.

No obstante lo dispuesto en el ordinal primero de este artículo, los menores de dieciocho años podrán casarse si siendo púberes, tuvieren ya un hijo en común, o si la mujer estuviere embarazada.

La parte que he escrito en anaranjado, es la que se derogó. Lo que quiere decir que de ahora en adelante se prohibirá el matrimonio entre un adulto y una menor, sin importar que haya hijos de por medio. Anteriormente los jueces avalaban estos matrimonios con el fin de proteger la familia establecida. Es en esto último que me enfocaré más adelante y en lo que usted debe prestar mucha atención.

Entonces, surge la siguiente pregunta: ¿por qué abordar el tema si ya hay prohibición? El asunto ya está arreglado ¿para qué seguir ahondando en el tema?

La respuesta es simple: porque el que ya se tenga una prohibición no significa que el problema haya sido arrancado de raíz. De hecho, si usted fue curioso y leyó algunos comentarios en algunos medios que anunciaron la buena noticia, habrá observado que mucha gente consideraba “normal” la unión entre adultos y menores, justificando que «a veces son las muchachas las que buscan a los hombres», pero ya escribiré sobre esto en específico más adelante.

El punto es que todavía hay mucha gente que tiende a normalizar dicho problema, y si hay gente que lo normaliza, poco valdrá que haya una prohibición, puesto que no habrá denuncia cuando una situación de esta naturaleza se presente. Por supuesto, ya no se permitirán los matrimonios, pero si la menor tiene el consentimiento de la madre y la familia entera, resultaría muy sencillo para ella acompañarse con el adulto, y el asunto quedaría así, sin más.

Surge, entonces otra pregunta, quizá la más importante ¿qué se puede hacer para no normalizar este problema?

Desaprendiendo las ideas que conllevan a que percibamos una determinada situación como normal, y luego aprender esa información que contribuirá a que estemos en desacuerdo con esa situación, aprender esas ideas que lo hagan pensar «eso no debería ser así» «no debería de estar sucediendo esto».

¿Qué debe saber respecto a las uniones entre adultos y menores de edad?

Parte del problema está relacionado con la erotización de esa etapa en la que el ser humano comienza a tener cambios muy visibles. En términos sencillos cuando los niños entran a la pubertad. Y digo los niños en general, porque se tiende a creer que esta situación en la que un adulto se siente atraído por un menor solo se da entre hombres y jovencitas; no es así, también sucede entre mujeres adultas y jovencitos.

Ahora preste mucha atención en esa palabra marcada en azul. Los adultos que entablan una relación «amorosa» con un menor o que sienten atracción por un menor, son movidos simplemente por esa nueva apariencia que éste está adoptando. Probablemente ha escuchado «La niña ya tiene cuerpo de señorita» y también «el niño ya es todo un hombre». La atracción del adulto radica en ese «florecimiento» del menor en esta etapa. El adulto no busca una relación por la forma de ser de la otra persona, no, en estos casos en particular buscan una relación meramente por la apariencia física del menor y por esa atracción sexual a su «inocencia».

Y es ese deseo sexual inapropiado a los cambios característicos de la adolescencia, si el adulto es impulsivo y tiene un nulo autocontrol, el motor para que se den los actos de violación.

Los medios de entretenimiento y algunos patrones adaptados por nuestra sociedad han influido para que esta situación se prolongue por tanto tiempo. En canciones, en películas, inclusive en la literatura universal se romantiza la seducción (o rapto) hacia muchachas que recién empiezan a mostrar cambios en su cuerpo. Y si ha conversado con adultos de la tercera edad, se habrá dado cuenta que en otra época, en nuestro país, la petición de matrimonio a jovencitas menores de dieciocho años era bastante común, y que también lo era que la familia admitiera ese matrimonio a cambio de algo. Como una especie de trueque, usted me da tanto y yo le doy a mi hija. Lo que me lleva a abordar el otro punto.

El rapto de las hijas de Leucipo de Pedro Pablo Rubens.

El rapto de las hijas de Leucipo de Pedro Pablo Rubens.

La cosificación.

Con o sin el consentimiento del menor, tras los tintes románticos de la relación, está presente la palabra que he escrito arriba. Cosificación. ¿Qué es eso? Se lo explicaré con un ejemplo.  Usted ve una camisa en una vitrina y le gusta mucho, así que decide comprarla porque quiere tenerla, poseerla. Ahora plantéese este ejemplo en la situación que se está tratando en este artículo. El adulto en este caso no está eligiendo tener una relación amorosa, está buscando satisfacer sus impulsos sexuales, y poseer un cuerpo recién desarrollado, un muchacho que acaba de dar el estirón o una muchacha que ya tiene cuerpo de mujercita. Y cuando se pretende el tener a una persona de esta forma, déjeme decirle que eso es cosificar. Tratar como un objeto, una cosa.

«Pero si son las muchachitas las que se le meten a uno» escuchará o leerá por ahí como justificación, lo cual es un tanto irónico, puesto que un adulto tiene la capacidad de controlar sus motivaciones y acciones. Puede controlar sus impulsos. Nosotros somos los que tenemos el mando de nuestro cuerpo. Tenemos el poder de decisión. No puede venir con la excusa de que otra persona es la culpable de x razón, cuando como adultos decidimos qué hacer y qué no.

Es necesario mencionar, para complementar el punto anterior que durante la adolescencia, el menor está buscándose a sí mismo, construyendo su identidad, su personalidad. Está en una fase en la que ya no es un niño, pero tampoco es un adulto. En esta etapa puede presentarse curiosidad por los cambios que se están experimentando en el cuerpo; el adolescente comienza a sentirse atraído por el sexo opuesto y por esas sensaciones nuevas. Las hormonas se alborotan, escuchamos decir. Y ciertamente, en esta etapa los adolescentes pueden llegar a ser impulsivos por esa necesidad o curiosidad de experimentar.

Y es aquí, cuando, usted padre o madre de familia debe tomarse un momento para dejar los tabúes a un lado y hablar con su hijo de sexo. Hablar de sexo no debería causar vergüenza o ser un tema intocable en la familia, ya que es algo natural en la vida de todo ser humano. Y porque, ayudará a evitar que este tipo de problema se presente.

Otro punto que debe tomar en cuenta es el de desaprender esta idea que, una vez que la niña menstrúa por primera vez se convierte en una mujercita. Parece una idea inofensiva, pero detrás de ésta puede mandar un mensaje erróneo. La menstruación es solo un proceso que debe presentarse en la vida de una niña, pero no significa que esto la convierta automáticamente en una mujer. Y lo menciono porque, aunque sea difícil de creer, todavía hay madres que tienen esta idea y es por ésta que permiten que sus hijas menores de edad tengan una relación sentimental a temprana edad.

Así que recuerde, la fachada de un menor puede parecer de un adulto, pero psicológica y emocionalmente tiene mucho por desarrollar.

Una adolescente puede embarazarse, sí; un menor puede embarazar, también. Pero ¿está preparado un menor para ser padre? Por supuesto que no. El rol de un adolescente es de ser un estudiante, no de un padre. ¿Va a proporcionarle las herramientas adecuadas a un bebé? Lo dudo muchísimo. Ya hablé en un artículo de cuánto se necesita para criar a un hijo, y créame, se necesita más que una manutención para las necesidades básicas de un niño. Se necesita madurez psicológica y emocional para enfrentar algo que conlleva tanta responsabilidad como la de ser padre.

Las familias formadas bajo esta situación, comienzan con los cimientos débiles. Puesto que un adolescente no está preparado para esa gran responsabilidad de criar a un niño.

Por tanto, usted adulto piénselo dos, tres, cuatro veces… las veces que sean necesarias antes de siquiera pensar en acercarse con intenciones «románticas» a un menor.

Y ya como dato importante, dejo el nombre jurídico de lo que se ha hablado en el artículo y su definición establecida por el Código Penal de El Salvador:

ESTUPRO

Art. 163.-El que tuviere acceso carnal por vía vaginal o anal mediante engaño, con persona mayor de quince años y menor de dieciocho años de edad, será sancionado con prisión de cuatro a diez años. – CAPÍTULO II DEL ESTUPRO, CÓDIGO PENAL DE EL SALVADOR.

Lo anexo porque este término tiende a confundirse con el de violación. Recuerde, en una violación el agresor somete a la víctima usando la fuerza para mantener relaciones sexuales. Pero cuando hablamos de estupro, el adulto tiene relaciones sexuales con la menor, pero con su consentimiento.

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