Padres Tóxicos

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Niñez Paternidad

Usualmente encontramos la palabra tóxica acompañada de las relaciones amorosas. Sin embargo, cuando hablamos de relaciones, incluye todo tipo de interacción. Y cuando se trata de toxicidad, ésta puede estar presente en cualquier tipo de relación.

Las relaciones tóxicas traen consigo un desgaste psicológico y emocional de los involucrados. En el caso de las parejas, se puede acabar con la toxicidad dando por terminada la relación. Pero ¿qué sucede cuando la relación tóxica es entre un padre y un hijo?

El desarrollo humano es constante, desde que se está en el vientre de la madre hasta la muerte. Nunca para. Y siendo los padres los seres humanos más próximos a nosotros en las etapas más cruciales para la definición de nuestra personalidad, niñez y adolescencia, un padre tóxico, tendría, por lo tanto, un impacto significativo en el transcurso de estas etapas.

Es por ello que a continuación presento algunos comportamientos que pueden convertir la relación entre padre e hijos en tóxica.

Maltrato disfrazado de disciplina.

No es raro que usted ya haya escuchado en repetidas ocasiones el decir que nuestra sociedad estaría mejor si se reprendiera con vara a los hijos. Así no se hubieran salido del guacal y no estuviéramos donde estamos, dicen algunos. Ya no es como antes, hoy ya no se les puede pegar a los hijos, agregan.

¿Realmente cree que con golpes, palizas o gritos “estaríamos mejor como sociedad”?

Déjeme decirle que ya tenemos suficiente maltrato en las familias salvadoreñas como para seguir repitiendo estas ideas. Y si no me cree, solo observe y ponga atención a su alrededor, estoy segura se dará cuenta que el maltrato disfrazado de disciplina está más presente de lo que usted cree.

Recientemente vi a una madre de familia con un niño de aproximadamente unos dos años de edad. Porque él no caminaba más rápido, ella lo empujó y le gritó usando malas palabras. Créame, no ha sido la primera vez, ni creo que sea la última en que observe una situación de éstas en la calle o en cualquier lugar público.

«Es que los hijos lo desesperan a uno». «Es que ellos lo sacan de quicio a uno». ¿De verdad cree que hay una sola razón que justifique disciplinar de esa forma a los niños?

Usted, padre o madre de familia es el adulto, quien tiene las herramientas para auto controlarse y buscar medidas de disciplina que no involucre el golpear o humillar a su hijo. Infórmese y sea paciente. Sea comprensivo, los niños están construyéndose continuamente, qué ideas se moldearán en sus cabezas y qué emociones emergerán en su interior, dependerá en gran parte en el modo en que los padres se relacionen con ellos.

Si quiere saber más sobre este tema tan amplio sobre el maltrato infantil y sus tipos, puede hacer click aquí, a un artículo en el que hablo únicamente de ello.

Ser negligente.

Si busca la definición de “negligencia” en internet, se encontrará con la siguiente: Falta de cuidado, aplicación y diligencia de una persona en lo que hace, en especial en el cumplimiento de una obligación.

Quiero que preste mucha atención en las palabras que he colocado en negrita. Falta de cuidado y obligación. ¿Qué le dicen estas palabras?

Al convertirse en padre, usted adquiere obligaciones con ese nuevo ser que ha traído al mundo. ¿Cuáles son esas obligaciones? Protegerlo, suplir sus necesidades básicas, educarlo, brindarle un ambiente seguro, etc. Puesto que su hijo necesitará de alguien que lo guíe en sus primeros pasos en la vida.

Por lo tanto, dejar de lado sus obligaciones y faltar al cuidado de sus hijos, no solo lo haría alguien terriblemente irresponsable, sino también estaría contribuyendo a que su hijo camine solo, sin ayuda, sintiéndose falto de afecto y olvidado; valiéndose por sí mismo, sin estar preparado todavía para ello.

No comparte tiempo con sus hijos. Los deja mucho tiempo, solos en casa. No está al tanto de cómo les va en la escuela. No les ayuda a aprender cosas nuevas como ir al baño solo, o cepillarse los dientes. No lo alimenta bien.

¿No estaba preparado para ser padre? ¿No sabe qué hacer?

Nadie está cien por ciento preparado para afrontar algo nuevo, en especial cuando se trata de tener un hijo. Pero se busca la forma de darle lo mejor a esa nueva persona, porque es su deber, su obligación como padre de familia. No es un objeto del que usted fácilmente puede pasar de largo, en un ser humano.

Ser sobreprotector.

Ya abordé uno de los extremos, la negligencia, ahora quiero que se enfoque en el otro extremo. La sobreprotección. La palabra lo dice todo, proteger en exceso.

Es cierto, su deber es proteger a sus hijos, pero todo con medida. Cuando es un recién nacido depende de usted completamente. Pero va creciendo, y cada cambio por más mínimo que sea es un pequeño paso a que su hijo vaya convirtiéndose más autónomo e independiente. Cuando comienza a gatear, por ejemplo, es una de las primeras señales que quiere explorar el mundo por sí solo; averiguar que hay más allá de sus padres y de sí mismo. Y vendrán otros cambios. Comienzan a caminar y el interés por entender el mundo crece aún más. Luego van a la escuela, adonde se desarrollarán sus habilidades para socializar con los demás; un inicio para insertarse a la sociedad. Y usted, por supuesto estará presente en estos cambios, pero nada más como un guía.

Un guía, le repito, no un guardián que debe estar alerta de cada movimiento. Un guía acompaña, no controla ni restringe. Por supuesto, habrá momentos en que su hijo necesitará de su apoyo, pero también los habrá en que deba soltarlos y dejar que él descubra por sí mismo cómo desenvolverse.

Si usted no lo deja gatear, caminar, en sus primeros años de vida. Si siempre le resuelve sus problemas o lo ayuda a huir de ellos, porque no quiere que su hijo salga lastimado; si no lo deja jugar con los demás, salir con sus amigos porque le da miedo que le suceda algo. Usted no solo estará evitando que se vuelva alguien resiliente (capaz de sobrellevar y resolver conflictos), seguro de sí mismo, autosuficiente, sino además le estaría enviando el mensaje erróneo que el mundo está lleno de peligros y amenazas. Esto puede influir a que su hijo crezca con inseguridad o percibiendo miedos donde no los hay.

Así que, suelte. Deje sus miedos, porque a final de cuentas la sobreprotección es reflejo de sus propios miedos; porque teme que le suceda algo a sus hijos. Sin embargo, con sus preocupaciones y afanes por cuidarlos en exceso, solo estará sembrando inseguridad en ellos.

Ser demasiado exigente y crítico.

Cada niño es único, tiene sus propias características y habilidades. Cuando se le exige o crítica algo, es porque en su mente usted tiene establecido un patrón de hijo aceptable o ideal. Y ese molde que tiene formado en su cabeza se vuelve tan rígido que, cuando su hijo no actúa de acuerdo a él, le genera inconformidad e irritabilidad, y entonces viene la crítica.

Es natural que como padres de familia tenga expectativas de su hijo, y por supuesto, normas que éste debe seguir. Todo niño debe crecer en un ambiente en el que estén muy bien marcados los límites, porque esto le ayudará a saber cómo comportarse cuando sea un adulto; lo que es socialmente adecuado y lo que no. Sin embargo, cuando estas expectativas y normas se vuelven muy altas y rígidas respectivamente, ya es cuando usted deja de ser un guía para convertirse en alguien autoritario. Y entonces, empieza a interesarse en las metas que en las capacidades de su hijo.

El desarrollo del niño, en general, no es uniforme para todos. Como ya lo mencioné, cada niño es único, y aplica lo mismo para su desarrollo. No puede forzar sus capacidades y sus cambios. Cada niño tiene su ritmo, y avanzará de acuerdo a él.

Ya escribí los efectos que puede tener la sobreprotección en los niños. Ahora, la pregunta es ¿qué efecto tiene el exigir demasiado y criticar constantemente a su hijo? El niño puede llegar a sentirse vulnerable, va a dudar de sus capacidades, y creerá que si no cumple con sus expectativas, serán rechazados. Lo que puede predisponer a que su hijo se vuelva inseguro y ansioso, o que busque siempre la los demás.

Así que recuerde, su hijo tiene fortalezas y debilidades, como usted también las tiene. No lo sobrecargue ni fije objetivos que no están acorde a las capacidades de ellos.

 

Y hasta acá dejo el tema de conductas que pueden convertir a un padre en tóxico y a la vez disfuncional.

Si le gustó el tema y cree que puede ayudar a otras personas, puede compartirlo.

 

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